Staff/Reportero
Morelia, Michoacán (13 Agosto 2019).– Es emprendedora, hija y madre de dos hijos, con toda una vida por delante. Pero hoy libra una dura batalla… una desafiante carrera.
En la víspera de su cuarta quimioterapia, taladrada por los síntomas, pero con una férrea decisión de ganarle al cáncer, Regina -como llamaremos a esta guerrera michoacana-, comparte su testimonio desde la cama del hospital donde libra, además, un amago de bronquios tras una cadena de fiebres que llegaron a 41 grados.
No por nada, dice ella misma, en esos pasillos le llaman “el pabellón de la muerte”.
Pero las gotas de suero que destilan y deslizan por sus venas, son el pasaporte a sus sueños.
Esos sueños que se resumen a ver pasar su vejez frente a un bello atardecer, quizá en la cabaña junto al lago, tras las metas alcanzadas. Lee, bebé café o escucha los silencios en esos pasajes de su mente dormida.
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Aquí, su relato íntegro:
Ha pasado casi una semana, con todos sus minutos y segundos. Durante el tiempo que he estado aquí, veo la vida de hospital en diferentes matices…
Las y los enfermeros se presentan contigo, se ponen a tus órdenes, están al pendiente de que todo funcione a la par del medico, ¿Qué amor a sus pacientes al cambiar sus pañales o ayudarles a bañar? ¿Qué amor a sus pacientes para abrigarlos en la madrugada cuando el frío golpea pero hay otras amenazas en nuestro cuerpo, que la gélida noche es nada? Pero no para ellos.
Nos cuidan y atienden, aunque hayamos llegado siendo totalmente desconocidos. Se llama vocación! Su gran labor, sus desvelos junto a los nuestros como pacientes.
Los camilleros… ellos que nos trasladan de un lado a otro y tienen tiempo de una broma, de jugar a rápidos y furiosos haciendo una estancia menos tediosa, menos dolorosa, menos lenta.
Los nutriólogos y dietistas que preparan desde muy temprano los alimentos y he visto como ofrecen inclusive al familiar que no puede salir para no dejar solo su paciente; no será la comida gourmet, pero si lo que tu cuerpo necesita.
Los familiares, nuestros familiares, que sin importar si es fin de semana están aquí, junto a nosotros, que nos cuidan, nos demuestran con cada gesto el amor que nos tienen; mis ángeles mis valiosos, ángeles que amo infinitamente.
Los médicos, qué decir de ellos, que una vez más salvan mi vida, que se preocupan y ocupan por resolver la situación, que no te hacen sentir que estas sola en este andar, que con una palmada te dicen “¡vamos, que tu puedes!”.
Nuestros amigos, que cada uno desde su trinchera te demuestra el apoyo solidario, el respeto, el amor y acompañamiento aún en la distancia.
Hoy por hoy sólo puedo decir gracias, gracias infinitas a cada uno de ustedes por hacer de esta vida la mejor.
Ah!! Y quiero compartirles, no estoy en un hospital privado. Orgullosamente les digo: estoy en el IMSS.











