El Histrión
¡Pobre Tata!
Por Mali Hernández
Dicen que el General Lázaro Cárdenas del Río era un hombre de temple y carácter fuerte. De formación militar, al fin y al cabo, seguro que no aceptaba ni permitía bandejadas. Por eso, mientras sufro en silencio porque Ruly “My King” Morón, anda todo cabreado conmigo por la columna anterior, la preocupación me asfixia al pensar qué sentiría uno de los presidentes de México más querido y recordado al observar que, desde su Obelisco en Morelia, los morenos hacen cada pancho y que así, con los intestinos por delante, dicen que gobiernan desde su cuarta transformación.
Y mientras, desde ese mismo escenario, con apenas unas horas de diferencia, Silvano Aureoles Conejo volvía a marcar agenda nacional al convocar, a todo lo que daba su ronco pecho, a una movilización nacional por la defensa de la soberanía, del Federalismo y en contra del autoritarismo en México; el lunes, los morenitos hacían tal show que ni mi comadre la Pompadour de Pátzcuaro es capaz de tanto drama existencial.
El 17 de marzo, a propósito del 81 aniversario de la Expropiación Petrolera, en evento convocado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuya cumbre nacional se desplegó en Morelia para vivir ese evento; Silvano Aureoles emitió uno de sus discursos más críticos no solo contra las visiones de Estado centralizadas sino contra la apatía y la falta de memoria de aquellos que ya olvidaron lo que su partido, el del sol acromático, representa para la democracia en México.
Y no fue sólo una crítica hacia las formas y el fondo, fue también, la llamada de atención del único bastión de peso que tiene el PRD a nivel nacional, a las mujeres y a los hombres amarillos que andan por el mundo en franca flojera emocional.
La autocrítica y la crítica directa, sin menoscabo, en aristas que lastiman profundamente a las democracias ganadas a pulso y a las que nadie había querido poner nombres y apellidos. Un ya basta a la indiferencia partidista, un clamor urgente a recordar lo que fueron y deben seguir siendo; a ponerse las botas, rearmarse de ideales, sacudirse el polvo y salir a las calles a defender el frente; a defender a México contra el centralismo y la antidemocrática visión de unos pocos -o uno, pues, bien directo-.
El 17 de marzo, Silvano cambió el chiflido por el clamor, “… vamos a desterrar cualquier tentación de autoritarismo”, soltaba y recordaba el trabajo, la sangre, las vidas, el sacrificio, el esfuerzo y la determinación, “México es de todos”, decía mientras volvía a escribir en el horizonte político la frase que pretenden borrar los nuevos Pinos: “sufragio efectivo y no reelección”.
Desde Michoacán, su gobernador llamó a defender el respeto irrestricto al derecho a disentir; “… vamos a movilizarnos en las plazas públicas, en los ejidos, pueblos, colonias y en las grandes ciudades (…) vamos a defender la democracia”, gritó el de Carácuaro, obligado a elevar más el tono de voz ante los gritos de apoyo.
Y mientras en la arenga convocó a defender el federalismo contra el autoritarismo, un día después, en la misma plataforma, los morenos se rasgaban las vestiduras rompiendo con lo más mínimo de la educación y las buenas maneras.
En 30 segundos, contaditos a partir de que concluyó su pobre intervención como orador oficial en el acto, también oficial del municipio, a propósito del 81 Aniversario de la Expropiación Petrolera, ahí, con el Tata Cárdenas a las espaldas, en las alturas, Alfredo Ramírez Bedolla olvidó el significado de la educación, de las buenas maneras e, ignorando el protocolo institucional, saludó de manita, abrazo, pellizco y empujón de nalga a todos los integrantes del jocoso presidum con Ruly “My King” Morón, al centro, pero se pasó de largo, largo, largo, cuando le tocó el turno del saludo a Fermín Bernabé Bahena, el diputado cómplice de la otra morena -aunque no de corazón-, antes perredista y más endenantes priísta, Cristina Portillo Ayala, la pareja que lo destronó como coordinador de la bancada de su partido en el Congreso del Estado y así, sin miramientos ni arrepentimientos, dejó a su enemigo con la mano extendida y se siguió trompudo el hombre. ¡Qué gacho, edá!
In-dig-na-do e in-dig-nan-te lo que un diputado local, un representante popular, elegido por los michoacanos -yo como no soy de Michoacán, pos ni miimporta verdá-, hizo. Con Bahena, evidentemente, ya no hay “la juntas”. Con Bahena y Portillo, evidentemente, ya es un pleito eterno que no tiene vuelta de hoja.
Lo mejor de todo: la oposición ya no tendrá que preocuparse pensando cómo destruir al Movimiento de Regeneración Nacional en Michoacán, solito se anda haciendo miles de hara kiris, entre un delegado espurio, como le dijeron al Yeyo-Ye Pimentel los del Partido del Trabajo; un presidente municipal que no olvida sus viejas prácticas -el Pájaro no tiene la culpa de nada, el pobrecito sólo sigue órdenes (sarcasmo)-; un superdelegado que ni siquiera sabe hablar (o leer) en público y que, dicen las malas lenguas, ya ni siquiera puede controlar a sus amigos los chairos-mairos de la CNTE, que están al punto de re-be-lar-se; y unos diputados locales que, aunque son la primera minoría, nomás no pueden ganar una contra sus adversarios políticos -radiopasillo me contó que todavía sueñan con Adriancito, mis vidas-; pos no hay de qué preocuparse.
Y como ya se me acabó el espacio, ora sí, a la otra, le sigo con Ruly “My King” y sus chairo-aventuras en Morelia. En lo mientras, la canto y la chiflo: “pajaritos a volar, cuando acaban de ca…. su colita han de mover chu chu chu chu…”







