Opinión / No nací mujer para morir por serlo

Opinión / Virgen del Pecado
No nací mujer para morir por serlo

Hagamos una dinámica. Responde en tu mente las siguientes preguntas:
Son las ocho de la noche y vas caminando por la banqueta camino a tu casa ¿sientes nervios si un grupo de hombres viene caminando hacia ti?
¿Alguna vez has sentido miedo al subirte a un bus o a la combi y encontrarte que eres la única persona y ya es tarde?
Vas caminando en la calle y un carro comienza a bajar la velocidad al lado tuyo ¿Sientes miedo?
Cuando sales tarde y tomas un taxi ¿le mandas tu ubicación en tiempo real a alguien para que esté atento de ti?
Ya sea en la calle, en la escuela, en tu casa, en el trabajo, en un concierto, en el estadio, o donde sea ¿Alguna vez te han manoseado sin tu autorización?
Bien, sólo tú conoces tus respuestas, pero podría decir que todas las mujeres en México conocemos estas situaciones, porque esto es ser mujer en México.
En el estado de Michoacán durante el 2018 se reportaron 156 mujeres asesinadas, de las cuales 21 de ellas se catalogaron como feminicidios. Para febrero de este año ya habíamos alcanzado la preocupante cifra de 24 mujeres asesinadas, lo que nos hace uno de los estados peligrosos para nacer mujer en este país.
Mónica R. Jennifer G, Guadalupe C. Fabiola M., la menor Joselyn M., María A, Catalina C., y su hija de un año de edad, son algunas de las mujeres michoacanas que fueron asesinadas en el último año única y exclusivamente por ser mujer.
Ser mujer en México es vivir con miedo de ser asesinada por serlo, es temer ser agredida, manoseada, violada y lo que es peor es que también tememos de la policía, de aquellos que se supone están para cuidarnos. 

El pasado lunes 12 de agosto se realizó una marcha para exigir justicia por los casos de violaciones ocurridas en las últimas semanas en la Ciudad de México, donde los señalados como responsables son elementos policíacos.

El resultado de la marcha que exigía justicia fueron gritos, consignas, pintas, vidrios rotos y un puño de diamantina rosa adornando el traje de Jesús Orta, Secretario de Seguridad de la CDMX, nada grave ¿no?, sobre todo, considerando que se está exigiendo justicia por la vida de estas mujeres que fueron violadas por elementos de cuerpos policíacos, y sin embargo, todo fue calificado como un acto de provocación, y la diamantina fue agresión, ¡válgame Dios!
La diamantina se quita, el vidrio se repara, las pintas se limpian, pero el cuerpo de ellas, la integridad de ellas, nuestro sentimiento de inseguridad y el miedo de vivir sabiendo que tu cuerpo no es respetado, que no hay justicia para las que hemos sido violentadas, e incluso que la policía no te cuida, te viola; eso, lectores, ese miedo no se va.
De la mujer se espera mucho en esta sociedad. Desde que nacemos hasta que morimos tenemos un papel muy claro y establecido, y no se espera que lo rompamos. No se espera tampoco que nos enojemos, que gritemos, que rayemos, que exijamos, que marchemos y muchos menos que entre nosotras mismas nos apoyemos.
Por eso, cuando lo hacemos somos juzgadas como locas, exageradas, feminazis, histéricas y provocadoras, pero exigir justicia no es provocación, es nuestro derecho. Nos lo deben.
Y ya estuvo bueno ¿no? Porque parafraseando a James Baldwin: “ser mujer en este país y ser relativamente consciente, es estar furiosa la mitad del tiempo”.

El dolor de una es de todas, el coraje de una es de todas. Ya estamos juntas y no volverán a tener la comodidad de nuestro silencio, porque no nací mujer para morir por serlo.

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