A lo largo de la historia moderna el mundo entero ha sido testigo de las consecuencias físicas y de los estragos emocionales que las distintas pandemias han dejado como recordatorio de lo frágil que el ser humano puede ser.
Si retrocedemos en el tiempo podríamos recordar que entre el año 2002 y 2003 México se paralizó por primera vez ante la llegada del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS por sus siglas en inglés) misma que terminó con la existencia de 774 personas en nuestro país, esto según cifras oficiales.
Años después, en marzo del 2009 se presentó en Veracruz el primer caso del AH1N1, la cual era una nueva cepa de gripe porcina que contagió en nuestro país a cerca de 72 mil 548 personas de las cuales murieron 1 mil 316.
Hoy, México y el mundo le hacen frente a una de las pandemias más significativas de todos los tiempos: el COVID-19, la cual en el planeta lleva más de 1 millón 712 mil 674 personas infectadas de las cuales 103 mil 796 han muerto.
En territorio mexicano las cifras de personas confirmadas con el coronavirus es de 3 mil 844 de los cuales 633 se recuperaron y otros 233 perdieron la vida en esta enfermedad que genera pánico en lo individual y psicosis en lo colectivo.
Las palabras -incertidumbre y desesperación- se han convertido en el pan de cada día para las y los mexicanos, generando en la población pánico, paranoia, depresión, ansiedad, pensamientos obsesivos e inclusive ideación suicida, es decir, estamos frente a una pandemia emocional que no se ve pero que si se siente y para la que tampoco hay cura por ahora, sin embargo eso no significa que no podamos empezar a trabajar en soluciones que nos permitan vivir estos días no de una manera más fácil, sino de una forma menos complicada.
Es fundamental empezar a construir un panorama que abone a la certeza de saber que esto que estamos pasando pasará y que habremos de salir lo mejor librados posible y ojo, para nada es mi intención sonar como un audio libro de autoayuda en el cual te dicen que con solo pensarlo llegará como por arte de magia, porque estoy seguro que lo único que cae del cielo son las gotas de lluvia y eso dependiendo la temporada del año en la que estemos.
Por eso utilizo el verbo CONSTRUIR, porque creo que es tiempo de que las y los mexicanos tomemos la riendas de nuestros días en estos momentos donde no podemos abandonarnos a nosotros mismos, debemos de trabajar como nunca con el músculo de la responsabilidad y podemos ejercitarlo cuidándonos a nosotros mismos y cuidando a los demás, sean o no grupos en situación de vulnerabilidad, también considero que es el momento oportuno para dejar atrás aquellas ideas paternalistas con las que probablemente muchas personas crecimos con la firme esperanza de que el gobierno en turno llegara a solucionar nuestros problemas.
Por eso es imprescindible ver con los ojos bien abiertos la situación actual del país y del mundo, así como vimos con claridad las terribles consecuencias que dejó el sismo del 19 de septiembre hace un par de años porque a partir de ese acontecimiento dado no pedido este país decidió construir cimientos mucho más fuertes y resistentes con una ingeniera mucho más sofisticada, es decir, pudimos levantarnos del cómodo sillón de la culpa y la lamentación para pasarnos a la silla de la responsabilidad.
Para concluir quiero compartirte una reflexión personal que puede ayudarte en estos momentos donde todo pareciera tan amenazante “no permitas que el exterior controle tu interior”.
Juan Pablo Santos
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