Ágora / Por Jaime Martínez Ochoa
La elección que viene
La idea de que la elección en Michoacán se jugará entre Morena y “los otros” (un aglutinamiento de partidos en los que al parecer caben todos) se ha venido manejando casi desde que Andrés Manuel López Obrador se alzó con la Presidencia de la República, provocando de rebote que varios candidatos de su partido también triunfaran.
Tan se ha dicho esto, que incluso ha corrido el chiste de que el partido del tabasqueño ganaría incluso si pusiera a un bulto como candidato. Para darle fuerza a estas percepciones se ha señalado que la mayoría de los partidos opositores a Morena naufragan entre la opacidad y la fragilidad, cuando no entre la inoperancia política.
Pero a estas alturas cabría hacerse la pregunta: ¿Morena sigue tan fuerte como al principio?, ¿los partidos de enfrente se mantienen en la opacidad? Evidentemente, Morena ha sufrido un desgaste, producto del gobierno errático del presidente López Obrador, quien ha pasado más tiempo hablando de lo que va a hacer, que haciendo lo que debe hacer. Morena podría seguir ganando por inercia, pero este fenómeno no garantiza nada por sí mismo.
En el caso de la oposición, es claro que no ha sabido jugar el juego de AMLO y en lugar de establecer un sistema político opositor eficaz, se han dedicado a cuestionar la más mínima equivocación del tabasqueño, atendiendo más a la forma que al fondo, lo que sin duda ha provocado el beneplácito del presidente que, como los viejos boxeadores, ha llevado a sus rivales al sitio que más le conviene.
En suma, ni Morena está tan seguro ya de llevarse la victoria, pero tampoco la oposición, sola o en su conjunto, podría tener la mínima certeza de derrotar al presidente en un lugar tan simbólico como Michoacán.
Entonces podemos decir que la lucha tendrá dos ejes: por un lado, más que el partido, será el candidato el que incline la balanza. Y, más que el candidato, será el programa político que enarbole ese candidato el que decida el destino del voto. Un candidato fuerte, con un programa atractivo y aplicable tanto a corto como a largo plazo, puede ser la respuesta a la incógnita.
Ese candidato podría surgir lo mismo de Morena que del PRD o de los demás partidos que se le sumen, o de alguno de esos partidos que decida irse por su propia vertiente, pero para que esto sea así ese perfil debe garantizar estabilidad y progreso.
El problema es que, hasta el momento, no se ve una figura que pueda destacar por encima de las otras. Lo que vemos son políticos de viejo cuño, que se han reciclado con ropajes nuevos, pero que en el fondo no garantizan un buen gobierno. Es más probable que los que tanto se mencionan no aparezcan o bien que sean tragados por la vorágine de sus partidos, sobre todo en el caso de Morena, donde el canibalismo es casi una marca de nacimiento.
Falta tiempo para la toma de decisiones, pero ya podemos decir que, hoy más que nunca, la elección de un candidato que sepa responder a las demandas de la sociedad, no sólo de su partido y de su grupo, será decisiva para inclinar la balanza.






