Opinión / “El Loco” Mireles

Zona Cero /  Por Malli Hernández



“El Loco” Mireles

Por supuesto que indigna y ofende gravemente que nos llamen “pirujas”, sobre todo en un entorno donde la violencia contra las mujeres se ha tornado en un grito desesperado que sigue escalando en México. Las cifras de muertas y desaparecidas es escalofriante y altamente explosivo.

Pero no me sorprende, triste y crudamente, al conocer cuál es la fuente de esa cobarde agresión. 

José Manuel Mireles Valverde es el culto a la misoginia, a la discriminación y a la violencia de género. El médico de Tepalcatepec es símbolo puro del machismo, un machismo que transpira en cada poro de su piel. Lo lleva en la sangre.

Pero su padecimiento crónico va más allá. 

El protagonista de “Tierra de Cárteles” -sí, el documental donde hace gala de su cortejo con una menor de edad ante la furia de su ahora ex esposa, en pleno movimiento armado en Michoacán- ha dejado ver que no conecta bien el hemisferio con su vocalización.

En prisión le llamaron “El Loco” Mireles. Así obra en los expedientes oficiales y estudios médicos que le hicieron durante su encarcelamiento, tras haber sido detenido acusado de portación de armas de uso exclusivo del Ejército.

Ya en libertad, el médico de Tepalcatepec ha recetado, en varios momentos, expresiones que alimentan el dictamen clínico del sistema federal penitenciario.

Una fue cuando, ante reporteros, disertó una teoría para explicar la diferencia entre narcotráfico y crimen organizado. A quienes trafican droga, según la exposición de Mireles, el pueblo los arropa, protege y admira porque son quienes desarrollan obra y progreso en las comunidades, a diferencia de quienes están en las filas del crimen organizado -dijo-.

En otro momento, convocó a los habitantes de Tepalcatepec a levantarse nuevamente en armas… ¡pero contra el Ejército!, luego de que soldados habían desplegado un operativo para ubicar y detener a un objetivo delincuencial.

Esa pifia le mereció ser reprobado, incluso, por algunos de sus aliados políticos, entre ellos Daniel Moncada, ex líder estatal de Movimiento Ciudadano, el partido que hizo candidato al ex autodefensa en 2015.

En otro capítulo, Mireles ordenó a sus escoltas -porque ya no viaja solo, siempre trae custodia- desalojar al director del portal informativo Bruno Noticias durante una conferencia de prensa en su casa de enlace de la Fundación Mireles, en el municipio de La Piedad. 

El argumento del desalojo fue dictatorial e irrisorio: el médico alegó que fue interrumpido por el reportero cuando recitaba su discurso.

Lo de esta vez fue sólo una raya más al tigre. Durante una gira de trabajo por Apatzingán, llamó “pirujas” a las concubinas de los derechohabientes del ISSSTE.

Pero ninguna de estas erráticas y lesivas pifias se compara a la decisión de convertir a Mireles -con todo este bagaje de episodios- en funcionario federal. Haberlo hecho subdelegado médico del ISSSTE fue una pésima receta que hoy empieza a generar reacciones secundarias, dolorosas y graves, a la Cuarta Transformación.

Los síntomas son delicados, y en un descuido o exceso de soberbia, lo serán también, electoralmente letales.


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