Rueda de Molino / Por Jorge Hidalgo Lugo
Despierta el tigre dormido: Choca clase media contra el mentiroso de Palacio Nacional
Es un hecho que ya pesa en el ánimo de millones de mexicanos:
No hay un solo día en sus comparecencias mañaneras y videos promocionales previa producción perversamente maquinada, que el presidente Andrés Manuel López Obrador mienta abierta y con absoluto descaro a sus gobernados, todos.
Podrán decir sus defensores con la ferocidad que les caracteriza, sin razonamiento de por medio en la inmensa mayoría de las ocasiones, que así ha sido siempre, que igual lo hicieron los del “prian”, que la mentira va de la mano de la clase política, la traen en los genes y forma parte de su ADN. Y no les faltará razón.
En efecto, no hay político que no mienta y busque engañar en cuanta oportunidad tienen. Es una forma recurrente para salir del paso en situaciones de coyuntura ya sea para mantenerse vigentes, o en la mayor parte de los casos, para encumbrarse en la pirámide del poder.
Sin embargo, acumular hasta mayo de este año, más de 26 mil mentiras registradas en lo que lleva de vigencia el ejercicio mañanero donde ha alcanzado una exposición mayor, como nunca antes otro presidente en la historia de México, ubica en su justa dimensión lo peligroso que resulta esta persona que tiene la grave responsabilidad de conducir al país.
Por si fuera poco, evidenciado de manera recurrente con videos y testimonios irrebatibles, de que sí dijo lo que después niega que dijo, hacen que la credibilidad en sus mensajes se deteriore y palidezca a extremos que ya se registra en las estadísticas.
Hoy todas las casas encuestadoras lo colocan en una caída libre respecto al respaldo y popularidad que logró alcanzar y con el que llegó a la encomienda.
Lo preocupante del caso no sería tanto que día a día acumule un repertorio de mentiras que lanza a diestra y siniestra a sus interlocutores, incluido el pueblo bueno y sabio, si no fuera porque en los hechos el país zozobra, va en picada directo y sin escalas rumbo al colapso.
No es exagerado decir que los indicadores económicos, de salud, empleo, seguridad, inversiones y otros más con que se mide el avance en toda nación del orbe, en México son auténticos pacientes ingresados a terapia intensiva en calidad de pronóstico reservado.
Pese a ello, arropado en las mentiras que salen incontenibles de sus comparecencias ante medios y giras de trabajo, López Obrador no atina a cambiar el rumbo. Parece obstinado a lograr contra viento y marea, que México reviente. Se afana en la búsqueda de un escenario donde la pobreza sea el común denominador, sin ricos predominantes y mucho menos, clase media.
Y es ahí, en esta franja poblacional donde se ubica la gran masa de mexicanos, que se han prendido las luces ámbar, se mantienen en estado de alerta y hasta rasgos de pánico bien cimentado, que decidieron salir y manifestarse en diferentes escenarios y no menos importantes motivos.
Recordemos a los que pidieron audiencia y marcharon para reclamar la matanza de una familia que con todos los argumentos que pudieran esgrimirse en su contra, eran seres humanos, mujer y niños, masacrados por gatilleros del crimen organizado y para quienes no hubo derecho de audiencia y mucho menos justicia que detuviera a los asesinos a sueldo.
Tampoco hubo espacio para escuchar los planteamientos de miles de mujeres que salieron por todo los rincones del país en reclamo al cese de feminicidios que tiñen de rojo el territorio mexicano.
En ambos casos, la desacreditación, el denuesto, linchamientos mediáticos en busca de encasillar en el cajón de los “enemigos del régimen” con los consabidos epítetos de neoliberales, conservadores, enviados por los que perdieron sus privilegios y demás calificativos, que por trillados, ya no son creíbles, mucho menos aceptados.
Vienen también los que a través de caravanas de vehículos, decidieron dejar atrás el temor y enfrentar por igual los ataques de la granja de bots y no pocos medios informativos que gozan del patrocinio presidencial, con la desacreditación a priori de “fifís”, “prianistas” y demás calificativos que idean en el cuarto de guerra de la dictadura de ocurrencias.
Todo esto acompañado del lance por demás ominoso, declaración abierta y pública para romper hostilidades que el propio López Obrador lanzó con su llamado a tomar bando, entre los que están a favor del “proyecto” que encabeza y los que no.
Polarización inconcebible que pretende un enfrentamiento total y absoluto entre mexicanos, donde no caben los matices ni los titubeos. Conmigo o contra de mí, es la disyuntiva única y por desgracia, así está operando ya en diferentes círculos sociales.
De ahí que no sea tampoco raro considerar una nueva muestra de desequilibrio mental el otro mesiánico mensaje emitido desde el púlpito mañanero que para acabar con ese ilícito tan deleznable, se debe ambicionar estar en la franja de miserables porque “a los pobres nadie los secuestra”.
Silogismo absurdo si cree que con ampliar a marchas forzadas los márgenes de menesterosos, es como se acabará con este flagelo. Como si de la mano de la pobreza no caminaran criminales y delincuentes en busca precisamente de alcanzar mejores niveles de vida o de lo que el propio incitador llama de manera rimbombante, mayor “bienestar”.
En este escenario de polarización provocada y ante la inacción, tortuguismo, ceguera de los partidos opositores, esos mismos que humilla diciendo que están “moralmente derrotados”, no alcanzan a medir que serán rebasados en caso de no entender el despertar del verdadero tigre que representa la clase media.
Esa clase media que, insisto, no quiere ser parte de los pobres como tampoco tiene posibilidades reales, bajo las actuales circunstancias, de aspirar a ser ricos o alcanzar fortunas, como las que amasan desde el poder, los políticos en México incluyendo claro está los que hoy navegan con bandera de “honestidá” pero que se dan vuelo metiendo la mano al cajón de los recursos federales con la complicidad y beneplácito de su amo y señor.
Ebrard, Bartlett, Romo, Polensky, Guevara y compañía, son ejemplo claro de cómo la corrupción sigue en alta escala y por eso no sorprende que la estadística en este rubro, también exhiba los nulos resultados, ponga en evidencia, otra más de las mentiras de López Obrador.
No hablemos de miembros de su familia, porque estarían a salvo ya que formalmente no forma parte del aparato de Estado, con sus respectivas excepciones entre hermanos, primos, sobrinos y otros de segundo y tercer grado de consanguineidad.
Por todo ello es preciso entender que lo surgido en una de sus acostumbradas mentiras palaciegas, hoy tome forma y aunque no sea con las siglas del Bloque Amplio Opositor (BOA), como fue maquinado desde las catacumbas de la Secretaría de Gobernación y lanzada la primicia por la “Sonora Mañanera”, vaya tomando forma una fuerte corriente de inconformes que salen a las calles y se manifiesten pública y osadamente.
Este revuelo social que va tomando cuerpo, sea un factor más que genera temor a las aspiraciones transexenales de López Obrador, quien se muestra resuelto a ir con todo para acomodar, ajustar las leyes en lo que resta del tiempo en que se renueve el Congreso de la Unión, con tal de impedir se fortalezca cualquier movimiento opositor.
El fincado miedo de perder mayoría en las cámaras de Diputados y Senadores, tiene resuelto al poder presidencial en llegar incluso a la guerrilla política, con tal de sofocar cualquier asomo de insurrección ante las urnas y eso la clase media ya lo sabe, lo tiene medido.
Bajo este escenario, la duda que prevalece es si en verdad es tanto el peso de la amenaza que hay contra de los liderazgos partidistas ya sea a través de desempolvar procesos, inventar nuevos y someterlos con el amago de tenerlos a un paso de la prisión,
O bien, continuar con el terrorismo fiscal que amenaza confiscar bienes, mal habidos presuntamente, con lo que tienen bajo control a los líderes opositores y por ende su humillante desdén de considerarlos “moralmente derrotados”, como presume.
Lo único cierto en todo esto es que la clase media es un tigre que ya despertó y no será domado tan fácilmente por el tirano opresor. Y ése, ése es realmente el mayor peligro que se viene cuando se intente detener la dictadura perfecta que se nos construye desde Palacio Nacional.
Por eso la amenaza de que sean “denunciados” por el pueblo bueno y sabio todo aquél que se presuma tiene patrimonio de dudoso origen, con que pretende atemorizar a que no crezca la rebelión democrática que parece incontenible con todo y sus artimañas tiránicas, comunistoides.
En todo caso, el tigre dormido ya despertó y no se resigna a ser sometido por las mentiras con que se invade al país, desde el circo de tres pistas instalado en Palacio Nacional.
Vale…






