#Opinión / De La Familia a la “gente bonita”

Opinión / El Río Suena

De la Familia a “la gente bonita”
El reguero de cadáveres mutilados en Uruapan esparce, en la atmósfera, un olor al episodio de las cinco cabezas tiradas en el bar Sol y Sombra en el año 2006.
Fue hace 13 años. Sicarios irrumpieron en el bar, bolsas negras en mano llenas de cabezas, y las esparcieron sobre la pista de baile para luego dejar un mensaje marcando territorio. 
Las cinco extremidades que hicieron rodar frente a varios testigos, aún sudorosas, fueron la carta de presentación de La Familia Michoacana -después Caballeros Templarios-.
El gobernador era Lázaro Cárdenas Batel -hoy coordinador de asesores en Palacio Nacional-. Corría su cuarto año en el sexenio, tras el triunfo histórico en las urnas del 2002. Era el tercer Cárdenas al poder en la historia del estado, luego de Cuauhtémoc (1980-1986) y de Dámaso (1950-1956). 
Así, esparciendo el terror, la Familia Michoacana prolongó su poderío durante mas de una década, y extendió sus redes hacia otros estados. Intocables, impusieron su ley. Tomaron de rehén al estado. Y en los hechos, gobernaron.
Lejos de combatirlos, no pocos mandos policiales y personajes ligados a las altas esferas del poder, los protegieron y fueron sus cómplices.
Cómo olvidar al aún prófugo Julio César Godoy Toscano, quien se hablaba de tú a tú con La Tuta -hay audios que lo prueban-. Es hermano de Leonel Godoy, quien despachó en Casa de Gobierno de 2008 a 2012 -sí, en el periodo de los granadazos en el centro de Morelia, que dejaron ocho civiles inocentes muertos y más de un ciento de heridos-. Varios de ellos, también, mutilados.
Godoy (Leonel, no Julio César), operó políticamente para Morena en las pasadas elecciones de Baja California y hoy es parte del comité nacional del partido del presidente Andrés Manuel López Obrador -sí, el mismo que ahora manejará una bolsa de mil 600 millones de pesos en prerrogativas del Instituto Nacional Electoral-.
Ambos, Lázaro y Leonel, vivieron y padecieron de cerca la monstruosidad del entonces cártel hegemónico con su “justicia divina”, y de los grupos que le diputaron el territorio. 
Hoy, cercanos a Andrés Manuel, sería inconcebible de esta dupla no hacerle ver al presidente que la estrategia federal está resultando errática, dispersa, frágil… permisiva. El destino, ellos ya lo conocen. Esa película la vieron en primera fila.
En el fondo, saben que la política de los abrazos y de las clases de moral hacen a estos criminales lo que el viento a Juárez, el héroe nacional que inspira los pasos su jefe.
No, a un enemigo de este calibre se le combate en todos los frentes posibles, sin dejarle rendijas por donde resollar. Se combate minando sus fuentes de financiamiento, enfrentándolo cuerpo a cuerpo, ubicando y tirando sus piezas estratégicas, como en un juego de ajedrez, hasta no dejar ni una en pie.
Al mismo tiempo, extirpando el cáncer de las adicciones que se esparce peligrosamente en México, fomentando -entonces sí- valores en la población, con énfasis en niños y jóvenes.
Se combate impulsando y haciendo crecer la economía con rumbo cierto. No a 0.1%, porque si no sólo seguimos acercando más a nuestros desempleados a la tentación de reclutarse en las filas del crimen. 
Se combate con instituciones armadas que gocen del respeto nacional, no mancilladas, humilladas y exhibidas. Se enfrenta con aliados cercanos, sí, pero también leales, confiables, eficaces y visionarios. No permisivos ni evasivos.
¿Y qué pasa si no se conjugan todos estos ingredientes? Simple: episodios que emulen la impune violencia del pasado, volverán. Y cada vez con un desafío mayor, gente bonita.

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