#Opinión | ¿Cómo es una mamá emocionalmente sana?

Opinión / Por Juan Pablo Santos 
¿Cómo es una mamá emocionalmente sana?

Definitivamente una de las relaciones más significativas en la vida de todo ser humano es la que se construye con la madre, ya que en teoría es ella quien desde las primeras semanas de gestación hasta los primeros años de vida (en el mejor de los casos) se hace cargo de cuidarnos y nutrirnos no solo física sino emocionalmente. 
En México se tienen expectativas muy altas hacia estas figuras tan representativas para todos nosotros, inclusive en muchas ocasiones estas exigencias o demandas impiden su propio desarrollo emocional, profesional y personal. 
Así que en este artículo compartiré algunas características que tienen las mamás emocionalmente sanas porque definitivamente no hay mejor regalo para los hijos que crecer con una figura materna capaz de hacerle frente al mundo con herramientas que le permitan desenvolverse los ámbitos que ella elija. 
Socialmente pareciera que toda mujer que se convierte en madre automáticamente tiene que volcar -por completo- su propia felicidad hacia sus hijos, ya que una “buena mamá” tiene que sacrificar sus planes y anhelos para cuidar de sus retoños. 
Sin embargo el hecho de responsabilizar a los hijos de la felicidad de su madre está lejos de ser algo positivo o nutricio para la vida emocional de los menores, ya que en muchas ocasiones los padres empiezan a generar en sus hijos misiones casi imposibles de lograr.
Y claro, el hecho de que una madre pase su estafeta de la felicidad a sus hijos implica una exoneración de su propio recorrido por el sendero de la vida que muchas veces está lleno de retos y desafíos que la pueden conducir a un estado de plenitud, éxito y felicidad. 
Por tanto, una madre emocionalmente sana asume que sus hijos son una parte muy importante en su vida, pero sabe también que no son los protagonistas de su propia historia porque ese papel única y exclusivamente le corresponde a ella. 
Esto nos lleva a que las madres lectoras se pregunten si ellas tienen o no un proyecto de vida personal, ya que quien si lo tiene regularmente cuenta con más y mejores recursos que le permiten hacerle frente a los problemas cotidianos de su propia existencia. 
También es cierto que una mamá con un rumbo claro en la vida sabe muy bien en qué lugar está parada, sabe con quién quiere estar ahí y sobre todo sabe qué camino tomar. Es decir, son mujeres que tienden a construirse tanto de la piel para adentro como de la piel para afuera, saben mantener un equilibrio entre lo que ellas desean y su rol como madre, sin olvidar nunca que el papel principal es el de ser una persona responsable de si misma. 
La congruencia juega un papel importante en este tema, pues es el mejor termómetro para saber si hay equilibrio entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. 
El hacer este ejercicio de introspección tiene como finalidad identificar sus áreas de oportunidad para entonces salir al mundo a buscar las herramientas que hagan falta para convertirse en una mujer capaz de sostener pequeñas acciones que a lo largo del tiempo le permitan recorrer un camino que la conduzca a su propia felicidad y retomar así el protagonista de su propia historia para entonces poder compartirla con sus hijos.  
Y recuerden que suceda lo que suceda habrán de prometerse algo: no se abandonarán. 
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