#Opinión / AMLO miente, pero la realidad lo alcanzó

Opinión / Por Luisa María Calderón



AMLO miente, pero la realidad lo alcanzó


El presidente de este país, Andrés Manuel López Obrador, ganó la elección el pasado mes de julio de 2018, con una diferencia casi de dos a uno contando los votos de los demás juntos.

Nadie, en tiempos modernos, había recibido tan amplio apoyo en décadas. Llegó pues con el mayor capital político que le permitió tomar decisiones radicales sin que la oposición pudiera meter las manos.

El presidente decidió agradecer a sus electores y mantenerlos cautivos o contentos, a pesar de romper las normas, dejar atrás el etiquetado, no tener reglas de operación que garantizaban a quién, por qué, para qué y a cambio de qué corresponsabilidad ciudadana entregar beneficios en efectivo. Decidió también mantener su discurso de división entre buenos y malos. 


Así mantuvo el apoyo mayoritario cada día durante 15 meses hasta que la realidad lo alcanzó.

Sus primeras batallas contra molinos de viento fueron aceptadas y aplaudidas: como su batalla contra el huachicol, que dejó sin gasolina a los mexicanos durante semanas y que también dejó decenas de muertos quemados en aquel ducto abierto al que corrieron los habitantes de una población. 


La tal batalla contra el huachicol tuvo que ver más con sus aliados que con evitar el robo: el presidente había dejado de comprarla a los “ricos” de siempre y tenía contratada compra de gasolina a su aliado de Venezuela.

Dos. La falta de medicamentos para personas con cáncer que había tenido éxito en su combate: siete de cada 10 niños con cáncer lograban salir adelante en esa batalla, y muchas mujeres, mamás la mayoría de ellas, también. 


López Obrador, dejó de comprar medicamentos, porque según él, acabaría la corrupción, y aun le dejamos el beneficio de la duda. Lo cierto es que simplemente no previno y NO solicitó los medicamentos necesarios, que deben hacerse con un año de anticipación. 

El resultado es que hoy no hay medicamentos para las personas con cáncer. Aun así muchos le dieron el beneficio de la duda.

Tres. Corrieron al responsable de Semarnat porque no quiso mentir; el proyecto del Tren Maya era inviable. En esa región la biodiversidad debe protegerse; en esa zona, el suelo es muy frágil y en el subsuelo hay depósitos importantes de agua que salva a parte del planeta hoy y en el futuro. 


Se empeñó en poner a andar ese proyecto y hoy tiene serios problemas para seguirlo; mal consultó a los pueblos originarios que se oponen y que han defendido su territorio jurídicamente y han ganado batallas; además, el subsuelo rompe el suelo, y él insiste en gastar ahí miles de millones de pesos, pero aun así contó con el apoyo de las mayorías que aun el creían.

Pero la realidad lo ha ido alcanzando respecto de los problemas humanos reales en nuestro país: el número de feminicidios aumentó en México. Para el 8 de marzo se contabilizaban 267 feminicidios en México, de los cuales 20 eran niñas menores de 14 años. Eso sólo en 2 meses. 


El presidente no se preocupó por ellas, y contrario a lo esperado, empezó a distinguirse por expresar frases misóginas, por besar y toquetear mujeres. 

Cuando las mujeres organizadas le pidieron intervención ante dos feminicidios muy crueles: Fátima e Ingrid, no las recibió y mandó gasear a las manifestantes que pedían entrar por la puerta mariana. Ahí comenzó una batalla verbal en la que el presidente perdió el control; aun besó a una niña y a otra en sus giras. Y enojó las mujeres por su desinterés expreso por la problemática que crece.

El rechazo al apoyo a las mujeres se le juntó con la llegada de la pandemia ante la que hoy estamos. Y volvió a mentir, negó la realidad. Los trabajadores de los distintos centros de salud púbicos en el país fueron advertidos de NO decir lo que pasaría en los hospitales con el virus y los enfermos contagiados. 


El presidente aprovechó para seguir dividiendo a los mexicanos en su discurso, y siguió sus giras abrazando, besando, diciendo que no pasa nada, que es enfermedad de ricos, hasta que la realidad lo alcanzó.


Miente cada día con el informe de cuántos sospechosos, contagiados y muertes hay en México. Insistió en que salgamos a trabajar, que nos abracemos, que somos resistentes, hasta que la propia Organización Panamericana de la Salud lo obligó a decretar la fase dos de esta pandemia en México. No ha creído sus números, porque no coinciden con la realidad mundial.

Dijo que tiene guardados 400 mil millones de pesos para enfrentar la pandemia, sin embargo pide que se paguen impuestos aunque no haya movimiento económico porque estamos en casa, y dice que no tiene dinero para comprar ventiladores y lo necesario. Los trabajadores de la salud no tienen equipo elemental, lo están haciendo ellos con envases de refrescos de 3 litros. Sin el apoyo de esos 400 mil millones guardados.

Y nos dijo que el jueves temprano estaría en la reunión virtual del G20, el grupo de países de mejores economías: en efecto, estuvo frente a una pantalla con su micrófono cerrado y hablando a una cámara mientras en la misma pantalla veíamos a otro presidente, enfocado en pantalla y en su turno de hablar. Ya para ese día dudábamos de su palabra. Mintió de nuevo, pero la tecnología lo desnudó.


El número oficial de muertes por el virus iba en 28. Sin embargo, han aumentado significativamente las muertes por “neumonía atípica”. Simplemente en el Estado de México, donde su gobernador decretó la fase dos hace más de una semana, las muertes por esa neumonía” eran ya más de 70.


El presidente quiere seguir mintiendo, y tiene a sus empleados modificando las tablas de muertes de años pasados por tuberculosis ¡hágame el favor! Y las muertes por neumonía de años pasados para que el reporte que se haga del presente tenga consistencia. 



Mentir para no aceptar que debió habernos pedido quedarnos en casa hace semanas y salvar a muchos del contagio, a todos esos que hoy no son aceptados para hacernos pruebas y evitar más contagios, a esos contagiados que llegan graves y a quienes diagnostican como con neumonía y no correctamente contagiados por coronavirus.

Antier dijo su última mentira, que desmintió en ese momento el Subsecretario de Salud, con todo y miedo. Dijo el presidente: saldremos para el 19 de abril, lo han dicho los técnicos y los científicos, ante lo que el subsecretario dijo “más o menos”.


Hasta apenas el sábado por la noche pidió que no salgamos de casa. La realidad lo alcanzó, y además, perdió el apoyo mayoritario. La gente no es tonta, tenía esperanza en su “no robar, no mentir”, y porque les mintió una y otra vez, y nos ha puesto en riesgo, ya no le cree la mayoría de ciudadanos; perdió el apoyo de esa mayoría con cuyo abrumador apoyo llegó a gobernar.


Cuidémonos entre nosotros. Morir hoy de neumonía atípica es el nombre del coronavirus, pero podemos evitarlo NO saliendo de casa, lavándonos bien las manos, desinfectando manijas, zapatos, cuidando a nuestros mayores y a los “más” menores.


Saldremos de ésta, hagámoslo juntos, con o sin presidente.


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La autora es Lic. en Psicología por el ITESO, con maestrías en Teoría Antropológica y Relaciones Interculturales por la Universidad Iberoamericana, y en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica por The George Washington University.


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