Morelia, Michoacán
Cuando llegó Alfonso Martínez a la Hacienda Figueroa, más de 2 mil personas ya lo esperaban acomodadas en mesas dentro y fuera del salón. No cabía ni un alma más.
Sonriente, a cada paso estrechó manos y repartió abrazos.
El tres veces alcalde de Morelia parecía candidato en campaña esa tarde del miércoles 29 de enero, y quizá para muchos lo fue, por el aire que ya se respira del 2027 y en donde el también ex diputado local y federal tiene, para muchos, puesta la mira en la gubernatura si las condiciones se dan.



Todavía esta semana, casi como regalo de cumpleaños, una encuesta de Rubrum lo situó como favorito del PAN para competir como candidato, con el 51.9 por ciento de las preferencias, muy por arriba de otros que fueron anotados en el estudio de opinión: Germán Martínez (18.7%), Marko Cortés (17.1), Manuel Gálvez (7.0) y Antonio Salas (5.3).
Con esos números en la carrera por la gubernatura, Martínez llegó a su cumpleaños 50.
Lo hizo arropado por comerciantes y colonos, pero también por regidores y políticos que llegaron al evento celebrado en los rumbos de San Juanito Itzícuaro, entre ellos los ex alcaldes Fausto Vallejo, Salvador López Orduña y Wilfrido Lázaro Medina.

La foto con ellos era obligada, y Alfonso posó en cuanto los tuvo a la vista. Juntos, los cuatro acumulan 18 años de gobiernos municipales – casi dos décadas -.
“Ya lo empaté, Licenciado”, celebraba Martínez ante Vallejo, quien gobernó la ciudad en los periodos 1994-1995, 2002-2004 y 2008-2011.
Y enseguida reparó: “aunque usted también ya fue gobernador”, atizando gritos que retaron al edil a lograr también esa marca.
Alfonso no se enganchó, lo dominó la prudencia; nada dijo de la sucesión del 2027, pero quizá no se ocupaba. El ambiente tenía un inevitable olor a ‘destape’.
“Con Chavo López aprendí a hacer campaña en 1994 y de ahí en adelante (…) Ya no soy ese joven que estaba en la política, pero sigo haciendo lo que me gusta. Puedo decir que estos 50 años los he vivido bien.
“Soy un hombre de familia, con sus altas y bajas en el matrimonio, como todos, pero siempre buscando la estabilidad emocional en casa (…) Ojalá podamos festejar, y Dios me preste vida, muchos años más”, decía el edil moreliano en su mensaje ante un público que lo empapó de porras y felicitaciones.
Caía la tarde y sólo faltaba una pieza para completar el cuadro. El alcalde pidió aguardar la llegada de su esposa Paola Delgadillo para partir el pastel. Ella también había cumplido años en la semana; el motivo para celebrar era doble.



Alfonso aprovechó el escenario para hacer una revelación, al calor del festejo donde las carnitas con arroz, frijoles, chicharrón, salsa y aguas frescas, iban a los paladares.
Nadie, hasta ese momento – al menos no públicamente -, sabía que en su reciente estadía por España se encontró a un conocido comensal en el restaurante que esa tarde visitó en Madrid. Era el ex Presidente Enrique Peña Nieto (2012 – 2018), quien radica en Europa y sigue, a lo lejos, el transitar de la 4T en el poder.
Más de seis años alejado de los reflectores. Más de un lustro en donde los gobiernos de Morena – primero con Andrés Manuel López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum -, acumulan más de 207 mil muertes violentas y una hilera de reformas a la Constitución que hoy tienen al Poder Judicial, al INE y a los organismos autónomos en jaque.
Hasta la nomenclatura de calles ha cambiado. En Cuautitlán, Estado de México, el gobierno morenista rebautizó el nombre de una colonia: ahora se llama “Cuarta Transformación” y sus calles tienen nombres como “Sembrando Vida”, “Abrazos, no balazos” y “Me canso ganzo” (sic), así, con error ortográfico incluido.


Alfonso narró haberse acercado a la mesa donde estaba Peña Nieto. A él también le estrechó la mano, dialogaron unos minutos y se despidió.
“Lo extrañamos, Presidente”, le confesó.






