“Iba yo a la escuela a escondidas”


Staff/Reportero

Morelia, Michoacán (15 Mayo 2019).- Ya tenía los 11 años de edad, cuando Silvano Aureoles pudo ir por fin a la escuela para aprender a leer en una zona de alta marginación, allá en el municipio de Carácuaro, Michoacán. Hoy, es gobernador.
“Iba yo a la escuela a escondidas, porque seguro que después de que yo me perdía en la mañana por ir a la escuela, iba a haber pleito (en casa)”, narra el hoy mandatario, al recordar esos capítulos de su infancia.
Ése pasaje, junto con otros detalles, como aquél en donde recuerda a su maestra Honoria como quien le enseñó a escribir, lo compartió ante cientos de docentes en el acto conmemorativo al Día del Maestro.
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“Mi padrastro no quería que fuera a la escuela”
Fui a la escuela ya grande; rondaba los 11 años de edad cuando fui por primera vez a la escuela, a instancias de mi madre, porque yo soy hijo de madre soltera; a cierta edad mi madre se volvió a casar y entonces mi padrastro no quería que fuera a la escuela, hacía mucho énfasis de que la escuela era para los flojos y que nosotros teníamos que trabajar en el campo.

Pero a instancias de mi madre y terquedad de mi madre, me mandó a la escuela; literalmente iba yo a la escuela a escondidas, porque era seguro que después de que yo me perdía en la mañana, por ir a la escuela, iba a haber pleito.

Así fueron los primeros días, quizá un mes, y finalmente ganó la postura de mi padrastro de que no fuera yo a la escuela. Tenía que ir a trabajar al campo, llevar de comer y demás; obvio mi madre analfabeta y él también, pero mi madre aprendió a leer autodidacta, a escribir su nombre, cosas básicas.
Así se pasó ese año y al siguiente perdí el año; al siguiente año otra vez a la escuela, como no había yo aprendido literalmente nada, entonces tenía que empezar en primero otra vez, pero ¿qué creen?, cuando llegó el primer día de clases, recuerdo que nos iban a entregar los libros y cuando vi los libros de primero y los de segundo, me gustaron más los de segundo.
Cuando me iban a entregar los libros, entonces me le cambié de fila al maestro y me puse del lado de los de segundo y me dijo “pero tú vas acá, tú eres de primero”, le dije “yo soy de segundo” y me dio los libros, estaban hermosos, tampoco sabía que tenían, porque tampoco sabía leer, y la primera prueba, es que pasaron mis compañeros al frente a leer un parrafito; dije “que no me pasen a mí, porque no sé leer ni escribir”. Ycuando pasaron, leyeron, en el camino yo agarraba y decía “cómo le hicieron para saber lo que dice ahí”, y le preguntaba yo a mi madre pero, ella tampoco sabía.
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La maestra Honoria
Total, ¿para qué les cuento esa historia?, pero aprendí a leer, ¿y quién creen que me enseñó a leer?, pues mi querida maestra Honoria, que siempre tendré presente, y entonces no cursé el primer año, me fui a segundo y ahí más o menos me nivelé.
Así en mi mente, el recuerdo de la maestra Honoria, el recuerdo del maestro Eustaquio, el recuerdo de la maestra Silvia y realmente en la memoria tengo muy grabado estas experiencias, estas enseñanzas de mis maestros.
Les narro esto, queridas maestros y maestros, porque tengo un profundo agradecimiento y reconocimiento a la labor de las maestras y maestros. Falso ha sido el discurso y el mensaje de que nosotros no valoramos o no reconocemos la tarea del maestro, ¿cómo no lo voy a reconocer?, ¿cómo no lo voy a admirar?, porque literalmente ustedes maestras y maestros, son los arquitectos.
Ustedes son las arquitectas y los arquitectos que con mucho esmero van moldeando la conducta, actitud, los sueños, las aspiraciones de esos niños, de esas niñas, jóvenes que a temprana edad toman ustedes el reto de convertirlos en grandes seres humanos, grandes ciudadanas, ciudadanos, porque la única herramienta que transforma, el único instrumento capaz de transformar al ser humano, es la educación.
Imagínense ustedes, este monito que tienen aquí enfrente, que a esa edad ¿qué hacía?, pues pastoreaba chivas, no es algo indigno, esa es la tarea que hacía, sembraba en un lugar de muy alta marginación, donde no conocíamos nada, la luz, los autos, nada, en una condición de extrema pobreza, absolutamente de absoluta pobreza, donde no hay nada, porque así son las circunstancias de muchos lugares de nuestro país y nuestro estado no es la excepción y más en esa región; yo nací en el municipio de Carácuaro.
¿Qué fue lo que me permitió salir adelante?, remontar los retos que las circunstancias de la vida, sociales, hasta la propia naturaleza te pone enfrente, ¿qué hizo que yo pudiera sortear esos retos?, la educación y cuando yo vi que la educación, olí, olfatee, que la educación era la manera de salir adelante, ya nunca la solté.
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Del puesto del mercado, a la escuela
Después de mucho andar, emigré a Huetamo a los 13 años, con la idea de seguir estudiando, la condición que me puso una tía lejana, que me daba permiso de vivir en su casa, es que, si iba a estar ahí, tenía que trabajar y que tenía que estudiar en la noche, en la nocturna.
Y entonces así empecé. Entraba a trabajar a las seis de la mañana en un puesto en el mercado, todo el día hasta las 6-7 de la tarde y luego, ir a la escuela en la noche. Para un niño eso es literalmente imposible.
Y yo no me sentía satisfecho estar estudiando en la noche, yo quería estudiar en una escuela en el día, como el resto de los niños iban a la escuela en el día o los que yo conocía que iban a la escuela.
Y así me propuse irme a la escuela “Felipe Carrillo Puerto” de Huetamo, una de las escuelas más reconocidas ahí.
¿Cómo pude escapar de eso? Pues me declaré enfermo, como no fui a trabajar pues me corrieron del trabajo, y entonces empecé mi ruta que yo quería de estudiar.

Maestras, maestros, gracias a eso, hoy estoy parado frente a ustedes con la honrosa condición de ser el Gobernador de Michoacán, que de otra manera difícilmente hubiera siquiera pensado que esto hubiera sucedido.

Por eso en el marco hoy del Día del Maestro, maestras y maestros, quiero reconocerlas a todas y a todos, expresarles mi mayor reconocimiento a todas y a todos, a todas las maestras de Michoacán, a todos los maestros de Michoacán, y seguramente también los maestros de todo del país están hoy celebrando este día.
Y decirles que no voy a descansar, no voy a bajar la guardia hasta que no tengamos en Michoacán estabilidad en los servicios, y eso pasa porque nuestras maestras y maestros, se les reconozca a plenitud, empezando porque se les pague su salario y sus prestaciones con oportunidad.
Será, como ya se dijo aquí, un orgullo permanente para ustedes haber sido el arquitecto o la arquitecta del futuro ciudadano que habrá de enfrentar los retos de la vida, pero también de su comunidad, de su municipio, de su estado y de su país.

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