Staff/Reportero
Apatzingán, Michoacán (28 Mayo 2019).- El sol pega a plomo. Sofoca y se desliza en forma de sudor por toda la piel, en los rostros de los policías fuertemente armados, y de gestos duros.
Saben a lo que van. Conocen su misión, y mas aún, conocen al enemigo que deben enfrentar para regresar la seguridad en los reductos que el narco se resiste a entregar en algunas zonas de Michoacán, pero también de México.
Se desplazan en patrullas todo terreno, equipados con fusiles automáticos AR-15, armas cortas, equipo táctico y sistemas de comunicación satelital, para la nueva fase del llamado Plan Estratégico de Seguridad, desplegado en la Tierra Caliente y otras dos regiones emblemáticas en esta batalla: Coalcomán y Lázaro Cárdenas.
Son los nuevos policías modelo de Michoacán.
Son los agentes más capacitados que haya tenido la entidad en su historia, todos debidamente certificados a nivel nacional. Su entrenamiento, y un distintivo en el pecho, los diferencia.
Y todos, ahora concentrados en lo que fueron bastiones históricos del crimen organizado.
Tan sólo en Apatzingán, donde surgió “La Familia Michoacana” –antecedente de “Los Caballeros Templarios-, un “ejército” de 260 de estos policías fueron desplegados hoy para reforzar las acciones operativas en calles, comunidades y tenencias.
Y no pueden fallar. Saben que en la memoria de los pobladores, aún cala el infierno de la era templaria.
“Teníamos ejecutados todos los días… ¡por puños!, acá abajo (hacia Buenavista y Tepalcatepec) tiraban cabezas seguido. No había gobierno, ellos eran el gobierno”, narra Manuel, quien lleva 40 años viviendo en Apatzingán.
Junto a la plaza, se levanta el Palacio Municipal que los templarios llegaron a incendiar como sello de su dominio territorial.
Eran tiempos en los que, el cuerpo completo de regidores, debía pagar una cuota mensual al cártel michoacano para financiar la compra de armas, según consta en carpetas de investigación de la Fiscalía General del Estado, antes Procuraduría General de Justicia.
Eran tiempos en los que, la desobediencia se pagaba con sangre.
Los narcos controlaban la cosecha de limón, y en general a todas las ramas productivas de esta pujante región para la economía estatal y nacional.
La quema de empacadoras, gasolinerías y tiendas de conveniencia, o la matanza de limoneros que habían clamado ayuda a las autoridades en turno, fueron reflejo de la ley que imponía el crimen.
Su conectividad carretera con Múgica, Parácuaro, Aguililla, Tepalcatepec, Gabriel Zamora, Buenavista y Nuevo Urecho, hicieron de Apatzingán, por décadas, la joya de la corona para aquel cártel hegemónico, que fue desintegrado entre los años 2014 y 2015.
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Apatzingán, estado de fuerza óptimo
Hoy, en el ambiente se respira una tensa calma. La gente sabe que las cosas han cambiado, pero la amenaza sigue latente. No se ha ido.
Y el gobierno sabe que no puede bajar la guardia. Sabe que no puede darse el lujo de titubear o ceder un ápice en el terreno ganado en los últimos años.
Por ello, el despliegue iniciado hoy con los mejores policías que tiene Michoacán; aquellos que lograron acreditar todos los exámenes de control de confianza ante el Sistema Nacional de Seguridad Pública.
De ese grupo, que ya ronda los mil 500 elementos en la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSP), se destinaron 260 a Apatzingán, más del doble de los que tenía el municipio.
Con ello, en este lugar se cubre el estado de fuerza óptimo que establecen las normas internacionales, de 1.8 policías por cada mil habitantes.
“Apatzingán hoy se convierte en el primer municipio del estado que tiene su estado de fuerza completo, con policías certificados, preparados. Y eso vale la pena por la seguridad del municipio y de nuestro estado”, celebró el gobernador Silvano Aureoles.
Artífice de esta estrategia, el perredista estima que en tres años su gobierno le ha invertido 8 mil millones de pesos al fortalecimiento de infraestructura, equipo, armas y mejora de salarios de los policías estatales.
Sin embargo, reconoce que ninguna estrategia va a funcionar sin la voluntad y decisión de los presidentes municipales.
Y es que, algunos ediles vinculados a la Cuarta Transformación, marcaron distancia del plan de seguridad.
No les importó, que la estrategia viniera validada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien este martes envió a atestiguar el arranque de las acciones operativas, a tres de sus hombres fuertes en el Gabinete: los secretarios de Seguridad Pública, de la Defensa Nacional y de la Marina.
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“Vivimos una emergencia”
Un par de muletas le ayudan a impulsarse, abriéndose paso entre la mirada del ejército de policías federales y estatales, quienes desde hoy resguardan la seguridad en las calles de Apatzingán.
Así, el hombre de pantalón de mezclilla y camisa blanca de manga larga, cruzó la Plaza de la Constitución, que simboliza parte de la historia de Apatzingán –sede del primer Congreso Constituyente-.
Y luego se desplazó, cuesta arriba, sobre los cerca de 40 escalones que llevan hacia la sala de Cabildo, en el Palacio Municipal.
Es Alfonso Durazo, el estratega de la seguridad nacional.
En otra época, conoció y convivió con el gobernador Aureoles. Fueron compañeros en el Congreso de la Unión, y fieles a su costumbre y estilo, hablaron hoy, sin regateos, ante la omisión de algunos alcaldes frente al grave reto de la inseguridad.
“La seguridad pública no tiene color partidario, no tiene ideología; no debe de ser una causa electoral, política o partidaria. Es la seguridad de los ciudadanos y ahí no debemos escatimar nada”, expresó Aureoles.
Y, de inmediato, Durazo se sumó. Vino el espaldarazo.
“Vivimos una emergencia que no admite mezquindades ni regateos, mucho menos el cálculo político a la hora de concertar acciones en materia de seguridad”, enfatizó el enviado presidencial.
Desde el bastión que por más de una década dominaron Los Templarios y La Familia Michoacana, sostuvo que el acuerdo con los ayuntamientos de ninguna manera va en demerito de la autonomía municipal, ni implica una claudicación.
“Por el contrario, refleja madurez de las autoridades para entender el momento el que enfrenta México”, remató.
Nadie en Apatzingán quiere retornar al pasado; ése pasado del que Manuel habla. En 40 años viviendo aquí, ha visto de todo.
La “justicia divina” que imponía el crimen, y que plasmaba en sus mensajes junto a los cuerpos decapitados, debe quedar sepultada en ése pasado.






