El Tercer Ojo
Por Arturo Tzintzun Mora
Cuando la omisión puede ser mortífera
Seguramente usted ya sintió el cambio de clima tan repentino en nuestra entidad, primero por las atípicas lluvias que anegaron buena parte de la ciudad de Morelia, y luego el intenso frío -ése que cala hasta la medula-, que nos hace recordar que atender el cambio climático es impostergable.
Una de las causas de esta inestabilidad ambiental lo es sin duda la grave contaminación que generamos. ¿Y cómo no? Si, por ejemplo, en Morelia circulan diariamente alrededor de 400 mil autos locales y otros 300 mil que van de paso. De este universo, se calcula que el 20% no le da mantenimiento regular a su motor. Peor aún: más del 40% tienen más de 10 años de antigüedad que los hace, por decirlo de una manera, un gigantesco mofle emisor de contaminación.
Alrededor de 13 mil unidades corresponden a las usadas por el transporte público, algunas con prácticamente ¡tres décadas de servicio! -hablo de los urbanos que puso en circulación el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas entre los años 1980-1986- y siguen rodando, y supurando gases tóxicos diariamente.
Eso se agrava cuando el transporte público tampoco hace los mantenimientos que marca la norma, y para ello basta ver la nube de humo negra que van dejando a su paso. Ni tampoco muestran síntomas de querer renovar las unidades, salvo algunos casos aislados, muy aislados.
Así pues, el semáforo naranja se activa en esta temporada, avisando que estamos a nada de entrar en una zona de alto riesgo. En la Ciudad de México, 15 mil personas mueren cada año por complicaciones relacionadas a la contaminación del aire.
Ya no podemos ser omisos. La omisión del gobierno estatal -que tiene a su cargo la paternidad del marco regulatorio del transporte público y del parque vehicular-, sumado a los altos niveles de contaminación, traerán pronto un resultado devastador e irreversible. Más en Morelia, por sus condiciones geográficas -la zona urbana está enclavada en un valle rodeado de cerros-, propicias para la acumulación de gases tóxicos en el ambiente.
Que no les tiemble la mano, señores del gobierno. Preferible pagar los costos políticos por meter orden en esta materia, que navegar en la indiferencia y la pasividad ante un camino que nos está conduciendo, a todos, al precipicio ambiental.
Sí, es cierto, el del transporte ha sido un sector históricamente intocable, por el manto de su capacidad de movilización gremial. Sin embargo, estamos ante un tema de salud pública. Nada más, ni nada menos que eso. Y sobre eso, nada puede ser más importante.
Basta de omisiones. La política pública en materia de medio ambiente no debe limitarse a frenar el cambio ilegal de uso de suelo y a vigilar la emisión de gases en industrias. Ningún esfuerzo será suficiente, si no voltean a ver el gigantesco mofle que nos está asfixiando, lenta pero mortalmente.






