El tercer Ojo
Por Arturo Tzintzun Mora
Alonso-Moreno Valle, la prueba de fuego de AMLO
¡Vaya noticia generada durante la Navidad! En pleno 24 de diciembre corre como pólvora encendida la noticia sobre la muerte de la gobernadora panista de Puebla, Martha Erika Alonso, y de su esposo, el ex gobernador y senador Rafael Moreno Valle, luego de desplomarse el helicóptero donde viajaban.El asunto toma dimensiones especiales, ya que Alonso acababa de tomar posesión del cargo luego de una larga y airada protesta del partido Morena -encabezado por su candidato Luis Miguel Barbosa-, que la acusaba a ella y a Moreno Valle de fraude electoral.
Durante el acto donde se les rindió un homenaje a su trayectoria política, se escucharon gritos de reclamos ante una tragedia que despierta perspicacias al por mayor.
Por eso, apenas confirmada la muerte de ambos políticos, el gobernador perredista de Michoacán, Silvano Aureoles, fue de los primeros en exigir una investigación a fondo, “responsable y hasta sus últimas consecuencias, dadas las circunstancias políticas que marcaron el proceso electoral” en el estado de Puebla.
Y vaya que hay elementos para exigirlo. Basta mencionar que Alonso y Moreno Valle se habían convertido en un obstáculo no sólo para los intereses de Barbosa, sino del propio Andrés Manuel López Obrador.
La primera, por haber derrotado dos veces al candidato morenista -con todo y respaldo del tabasqueño-; en las urnas, el primero de julio, y en los tribunales, meses después.
El segundo, porque le atribuían haber orquestado el juicio que se interpuso contra la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos con la que Lopez Obrador busca que nadie en la función pública gane más que el presidente. Y ya alistaba otro recurso jurídico para frenar los propósitos del nuevo régimen.
A esa exigencia se sumaron otros actores políticos, incluido el senador Javier Lozano, quien le puso otro ingrediente al sospechosismo que ya cubre este ¿accidente?, al decir que el helicóptero estaba en perfectas condiciones y que los pilotos eran de los más capacitados y constantemente solicitados por la clase política.
La tragedia permitió aflorar, también, lo más miserable del ser humano.
Desde las filas morenistas, el sátrapa y vividor de la política mexicana, Gerardo Fernández Noroña, calificó de terrible a Moreno Valle y de cómplice a su esposa, casi alegrándose por el asunto.
Ausente en la ceremonia fúnebre, López Obrador anunció, desde las redes sociales y luego en su mañanera, que solicitará apoyo a organismos internacionales para los estudios y peritajes que permitan elaborar un análisis especializado para conocer las causas reales de lo acontecido.
Por lo pronto, los morenistas no se escapan a los gritos de “asesinos”, proferidos en las “benditas” redes sociales, pero también en la ceremonia luctuosa a la que el presidente evitó aparecerse. Fue Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación, quien absorbió las acusaciones de asesinato.
Ahora falta ver la ruta jurídica que tome el caso, pues ya Morena -con el dominio del Congreso poblano- buscará imponer un gobernador interino que les garantice ganar un nuevo proceso electoral cuando se convoque a nuevas elecciones, lo que deberá suceder en un plazo no mayor a los cinco meses.
Para ese objetivo, Barbosa no pierde el tiempo. El mismo día de la tragedia concedió entrevistas a medios locales y nacionales. Y tuiteó sobre cada una de ellas. Ya andan en campaña, como viles buitres y hienas.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está obligado a dejar de hacer proselitismo. Con casi un mes en el poder, no han caído en la cuenta que ya son gobierno.
Esta vez no hay manera de endosarle las muertes al saliente gobierno de Enrique Peña Nieto. Éste es es el primer reto real del tabasqueño, ante la espesa bruma que nos recuerda que con la caída del helicóptero también cayeron dos de los principales opositores al sistema lopezobradorista.
El trágico evento exige ser tratado con toda transparencia y puntualidad, sin sesgos ni pasiones.
Pero Morena parece no estar en ésa sintonía. Barbosa comienza a dejar ver que, cobijado por el manto del tlatoani, sacará provecho electoral a la circunstancia agitando la bandera de la República amorosa.





